El paradigma del emprendedor lleva siendo una realidad tormentosa y angustiante desde hace muchos años. Tanto, que hasta el mismo emprendedor asume esta circunstancia de inestabilidad y continuo sacrificio, empeñando su vida, su dinero, sus sueños, otorgando normalidad a una circunstancia que debería ser simplemente impensable e inadmisible.
El 25% de los nuevos emprendedores fracasan durante el primer año, y el 60% lo hace durante los primeros 5 años. Casi el 45% de los emprendedores trabaja más de 10 horas al día, mientras que 8 de cada 10 autónomos, no pueden permitirse más de 20 días de vacaciones anuales después de esas jornadas maratonianas, y sólo el 21% de ellos tiene empleados.
A esto le podemos sumar que el 60% de nuestros generadores de empleo no pueden conciliar su vida familiar con la profesional y que, 9 de cada 10, dejan sus emprendimientos por mala economía.
El fracaso de los emprendimientos es una realidad que urge cambiar. Y se debe transformar la perspectiva con la que se mira el emprendimiento si aspiramos a conseguir que los actuales autoempleados o autónomos conviertan sus negocios en entidades de prestigio y ellos aspiren a tener estabilidad financiera real.
La solución a este escenario se plantea en 4 bloques que construyen una estructura integral para ofrecer al emprendedor el reencuadre y reestructuración de su paradigma.
El éxito de un emprendimiento depende en gran medida de la mentalidad adecuada del emprendedor. Una mentalidad ideal incluye confianza, resiliencia, creatividad, responsabilidad y una visión trascendental del dinero y el propósito del negocio. Para lograrlo, es fundamental que los emprendedores reciban una formación previa, enfocada no solo en conocimientos técnicos, sino también en crecimiento personal, autoconocimiento y gestión emocional.
Muchos emprenden por motivos superficiales, como evitar tener jefes o mejorar su estatus social, lo que los deja vulnerables frente a los desafíos del negocio. Por el contrario, la verdadera motivación intrínseca impulsa al emprendedor a superar obstáculos, entender el fracaso como aprendizaje y prepararse tanto para el éxito como para las dificultades.
La motivación real, apoyada por disciplinas como la PNL, la inteligencia emocional y la morfopsicología, es clave para desarrollar habilidades que fortalezcan al emprendedor y denn sentido y estabilidad a su proyecto.
Muchos emprendedores ponen en manos del destino el futuro de su negocio cuando lo inician sólo porque creen que su idea es innovadora, creativa o que, simplemente, es algo que va a gustar.
La realidad demuestra lo contrario, que sin un estudio previo es un riesgo alto que puede minimizarse con una planificación adecuada. Este análisis previo evalúa la viabilidad de la idea, identifica riesgos, ajusta el proyecto a la realidad del mercado y fortalece tanto al negocio como al emprendedor. Solo 1 de cada 200 emprendimientos logra sus objetivos iniciales, lo que resalta la importancia de esta etapa. Este bloque centra el foco en una visión a largo plazo, con capacidad de adaptación y de hacer las cosas.
El proceso incluye herramientas como morfopsicología e inteligencia emocional para construir un equipo alineado con los valores del negocio y analizar la conexión entre las metas individuales y colectivas. Además, se realiza un estudio emocional del emprendedor mediante DAFO intrapersonal o GROW, lo que permite conocer fortalezas, debilidades y preparar estrategias efectivas.
El estudio y la estrategia conecta directamente con los resultados deseados, proporcionando una guía para ajustes y correcciones en el camino. Este bloque fomenta una mentalidad empresarial, trabajando creencias, bloqueos mentales y habilidades comunicativas mediante PNL y dinámicas creativas. Finalmente, responde las preguntas clave: ¿Qué? ¿Dónde? ¿Con qué? y prepara al emprendedor para enfrentar desafíos futuros con confianza y claridad, permitiendo además que tenga un conocimiento amplio del negocio y de sí mismo.
La zona de influencia es un elemento con varias orientaciones:
La primera es el área geográfica donde el emprendimiento atrae a sus clientes. Es la zona desde donde viven, trabajan o visitan los potenciales de ese negocio y donde se genera el impacto ambiental, abiótico (temperatura, agua, luz del sol), biótico (seres vivos del medio ambiente), y socioeconómico. Creemos firmemente que el emprendedor debe ser consciente de la influencia que va a ejercer en el sistema cuando inicia su negocio.
La segunda perspectiva es la cultural, económica, militar o política. Si el restaurante que se emprende es de una comida típica de un país específico, se está generando una zona de influencia.
La tercera es una zona más física personal que se relaciona con los entornos del mismo emprendedor. Sus empleados, sus familiares, sus amigos, el colegio de sus hijos, etc. Todos los ambientes que rodean al emprendedor van a verse influenciados por la nueva identidad del mismo. Y aquí, los recursos de la inteligencia emocional, van a ser determinantes para que la persona emprendedora salga airosa con el mínimo riesgo de pérdidas emocionales.
Y, finalmente, la zona de influencia intrapersonal que va a vivir el emprendedor. Dejará de conocerse como hasta el momento de iniciar la metodología para emprender. Dejará una parte de sí en el camino para dar apertura a una nueva versión de sí, con una nueva perspectiva, un nuevo modo de pensamiento, una nueva visión del mundo y de él mismo.
Hemos descubierto que las personas están preparadas para el fracaso, aunque no para el éxito y es importante trabajar en ello. Aquí entra en juego su zona de influencia. Muchas personas se irán y otras tantas se quedarán. Este proceso vital va acompañado de los vaivenes propios del simple acto de emprender. Superar esa fase es uno de los mayores logros que tendrá el emprendedor, ya que su desarrollo va a generar acciones y reacciones en sus distintos entornos, para los que debe estar preparado y tener herramientas de gestión.
No hay ningún emprendimiento que no tenga detrás a una persona emprendedora y no hay ninguna empresa que no haya sido generada por un emprendedor. De allí nace nuestro método MEPZ donde conjugamos a la persona con su identidad emprendedora para llevarle a la creación de opciones de crecimiento y desarrollo al siguiente nivel.
Es posible que muchos emprendedores confundan la planificación con la estrategia y por eso hacemos énfasis en la comprensión de la diferencia entre ambas. La estrategia es un elemento que se encuentra dentro de la planificación. Es un proceso sistémico que facilita la creación del camino que debe seguir el emprendimiento para alcanzar los objetivos que se han propuesto para él.
Tener una trayectoria dibujada con metas, objetivos, plazos, posibles caídas, facilita al emprendedor su propia organización personal y viceversa. Es una etapa que transforma la identidad emprendedora porque requiere exigencia, seriedad y asumir con compromiso la responsabilidad absoluta de lo que quiere hacer. Se garantiza la viabilidad del proyecto trabajando con 4 planificaciones que son la estratégica, la táctica, la operativa, y la financiera.
La ventaja de esta fase dentro de la metodología permite al emprendedor tomar decisiones, afrontar riesgos, elevar su comunicación e innovación, ofreciendo durabilidad y consistencia a largo plazo y evaluando el fracaso como parte del proceso para facilitar la expansión (lo que permite al emprendedor avanzar en su camino para ser empresario).
En este punto del proceso, el emprendedor ya no habla con inseguridad y duda, sino que se comunica con una mentalidad productiva, evaluadora, proyectada, firme y confiada, haciendo que todo sea más fluido porque hay una alineación colectiva en comunicación, actitud y comportamiento, que confirmamos a través de la pnl, porque de forma constante trabajamos desde la persona hacia su identidad emprendedora.